Cartelito en la puerta de la universidad

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Que el hecho de que alguien -sobretodo alguien que ejerce la profesión de traductor- interprete un determinado parlamento sin atenerse al contexto en el cual se despliega semánticamente tal discurso constituya un crime d’interprétation no puede ser refutado, cualquiera sea el pretexto lógico con el cual se pretenda impugnarlo.

Sin embargo, el instrumento más usado por todos y cada uno de los seres humanos es, justamente, el lenguaje, el cual no puede permanecer exento de la influencia de las excentricidades metafísicas a través de las cuales esos mismos seres deciden ignorar su rol de “agentes” de la inteligibilidad y reemplazar ese rasgo esencial de la conducta humana por una obsesión cuasi patológica de buscar dicha inteligibilidad “detrás” de las cosas, como si esta fuera una especie de tierra prometida que haya que descubrir y conquistar.

Se produce así una especie de mística lingüística donde las partes de la cadena significante (para usar, de manera ilegitima, términos lacanianos) resultan ser unidades autosuficientes, es decir, fantasmas semánticos.

En el caso particular de esta afirmación, infamemente formulada en la puerta de entrada de una casa de estudios, que ha preferido adoptar el título de “universidad” en explícito menoscabo del más certero “gimnasio” que usaban los griegos en su época de esplendor educativo –paideia-, su aparente explicitud es el efecto de un falseamiento metafísico tal, es casi una prueba de que no resulta oportuno discurrir in abstractus acerca de unidades lingüísticas como si se tratase de unidades significantes per se; es el encadenamiento el que propicia la significación y, con esto, queda totalmente en evidencia que no existe completud ni explicitud fuera del contexto que provee esa estructura semántica.

En definitiva, el cartel en la puerta de la universidad que afirma “TU PENSAMIENTO PUEDE CAMBIAR EL MUNDO” debe leerse “dentro” de la estructura semántica en la cual resuena el eco de su implicitud; en otras palabras, su significado real, lo opuesto a lo que la pretendida explicitud de la alocución nos quiere obligar a aceptar sin mayores consideraciones, a saber: Tu pensamiento puede cambiar el mundo, por eso, las puertas de esta institución se encuentran abiertas para “integrarlo” a nuestro “sistema” educativo y lograr de esa manera que el mundo siga igual.

“Limar las asperezas”, “to trim the fat” se relacionan sinonímicamente con nuestra afirmación original.

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