Díaz contra Platón

Las conexiones de las que se habla cuando se afirma: “todo está relacionado”, son exclusivamente subjetivas, es decir, son conexiones de naturaleza emocional, y las emociones pertenecen de manera exclusiva a seres capaces de realizar esa conexiones dans l’abstrait ; esa capacidad de ente relacionante no puede residir nunca fuera de seres no sensibles; en sentido substancial, estas conexiones abstractas-subjetivas-emocionales resultan quiméricas; el lenguaje es un ejemplo perfecto de ello, no hay absolutamente nada que conecte substancialmente una determinada image acoustique, por ejemplo: mesa, al objeto designado, ni tampoco al concepto que pretende establecer la mentada imagen; la conexión pertenece al ámbito de las emociones. Las personas tampoco se relacionan de ninguna otra manera que no sea la emocional; “el sujeto a conoce al sujeto b” mienta una relación decididamente no gnoseológica, sino una de tipo emocional, nunca substancial; a fin de cuentas, el otro es siempre otro, inaccesible gnoseológicamente y permanece inevitablemente un misterio. El sujeto de conocimiento, tan encomiado en los discursos científicos no es más que un sujeto pleno de emociones, de subjetividades arraigadas en caldos de cultivo emocionales. En definitiva; el endiosado sujeto de conocimiento no es más que un sujeto de fe, y tal cómo se ha dicho ya de manera acertada, la prueba de la verdad de la fe solo prueba, en última instancia, el vigor impune de una credulidad.

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